"Can you see me? All of me? Probably not. No one has ever really has" - Jeffrey Eugenides



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martes, 21 de octubre de 2008

We meet again

Hasta hace dos semanas habíamos sido respetuosos y los nombres que realmente le disgustaban al otro no eran tenidos en cuenta y a otra cosa mariposa. Y se desató el combate con los nombres de varón nomás. El enfrentamiento es entre Iñaki (defendido por F.), Felix y Santos defendidos por mí.

Lo que más hizo que me opusiera al nombre que comineza con I (no lo pienso decir otra vez, no te voy a dar el gusto) es que fuera vasco. Cultura con la que no me identifico en lo más mínimo. I significa Ignacio en español pero F. no quiere Ignacio quiere I. Nos empacamos y no había forma. Su argumento es que conocíamos a un I que nos caía muy bien a los dos (típico unir a persona-con-nombre) y que era un nombre canchero.

A él no le gustaban mis propuestas (conoció un Félix que era un nabo y Santos le parecía feo). Para llegar a un punto medio y ceder los dos sugerimos ampliar el espectro de posibilidades. Ahí salieron al ruedo Isidro y Jerónimo. Los dos muy lindos pero ninguno del todo convincente.

Hasta que leyendo Gente valga la rebundancia que leyendo es un decir, porque la verdad que tiene cada vez menos contenidos y más fotos de prostitutas-ofreciendo-sus-servicios en bolas, apareció el nombre Silvestre como si me hubiera estado esperando. Obviamente nunca le dije que me reencontrè con el nombre bajo estas circunstancias (revista cholula leída en peluquería) porque F. categoricamente se opondrìa.

Bajo ningùn concepto permitirìa que el nombre de su primer hijo varòn sea una copia de uno famoso, en este caso Juanita Viale. Over my dead body me diría pero sobre el mío le pone I. asi que mientras el secreto se mantenga guardado venimos bien.

Uds, Shhhhh!



Un cocktail que no se mezcla solo


Otra cosa que nos agarrò de imprevisto es la intrincada combinaciòn de lograr con cualquier nombre y el apellido de F., algo que suene como mìnimo, armonioso.

En el momento de la verdad, cuando empezamos a hablar del tema de nombres salieron estos dos (Aquiles y Margarita) como primera opciòn pero en el momento de combinarlos con el apellido, vimos la luz. ¡Imposible a una persona que queremos tanto cagarle la vida de esa manera! ¡Habría que ser desalmado!

Asì fue como aquello que parecìa resuelto hasta el momento, se manifestò como una incògnita y de tremenda importancia. Imagínensen dos indecisos, insaciables, muy influìdos por el arte en todas sus representaciones (pintura, escultura, teatro, cine) queriendo elegir un nombre (y sólo uno porque con tremendo apellido no podemos hacer otra cosa). Tarea de enanos, de detallistas y pacientes. No somos ninguna de las tres. Caos.

Parece banal y no lo es. Pensar que vas a llamar toda tu vida por ese nombre a este ser, persona en potencia que te va a acompañar siempre y que en parte vas a determinar por el mero hecho de llamarlo de una forma y no de otra, no es una decición para tomar a la ligera. Creanme.

Con F. nos la pasamos haciendo listas para no olvidarnos de las ocurrencias más espontáneas, sacando nombres de internet que nos gustan, intercambiando opiniones, criticando los nombres siniestros y riendonos de la creatividad (y maldad) de algunos padres. Por suerte somos bastante parecidos en cuanto a lo que gustos respecta: originales pero no exóticos.

Resoluciones hasta la fecha:
No a los nombres de estación (May, Abril, June).
No a los que significan cosas (Dolores, Consuelo)
No a los nombres de personalidades muy relevantes (Aristóteles, Susana) Excepción a la regla: Frida. Nos fascina.
No a los nombres de flor (Jazmín, Violeta, Azucena) quedan afuera de esta categoría Magnolia y Camelia.

Todo indica que llegaremos a buen puerto.

Un camino semántico

Perdidos en la emoción de traer un hijo al mundo ni tiempo para pensar en nombres tuvimos. Antes hubo que reflexionar si realmente estábamos preparados para esta aventura. Si nos sentíamos calificados como para sostener la infancia de alguien. Y si podíamos mantener el vínculo que a partir de ese momento nos uniría para siempre.

Se nos planteó la opción de no tenerlo, lo pensamos mucho y nos vimos incapaces de decidir sobre la vida de esa alma que tan especialmente se nos había sido encargado en cuidado y desarrollo de sus potencialidades. Así fue como en un día de sol nos iniciamos en la experiencia incomparable de transformarnos en padres, aún reconociendonos inmaduros. Con la decición tomada llegó la paz y la propagación de la buena nueva.

Junto con los primeros meses de embarazo aparecieron los cuestionamientos sobre cuales eran los posibles nombres que le íbamos a poner al futuro integrante de nuestras vidas. Respuestas evasivas de nuestra parte por estar centrados en ir descubriendo la letra chiquita del contrato que con tanta alegría habíamos decidido ser las partes firmantes, en el cual nos hacíamos cargo de la situación.

Ninguno de los dos quería descuidar la pareja o que pasara a un segundo plano.Tampoco queríamos dejar a un lado a las familias (la propia y política) a quienes inesperadamente, habíamos sacudido estructuras. Teníamos la intención de respetar los procesos de cada uno y al mismo tiempo acompañarnos entre todos. De a poco lo vamos logrando a pesar de estar bastante tironeados.

¿Nombres? nos inquirían de vuelta y nosotros sinceramente nada. Les juro que si en ese momento a mi hija me hubieran obligado a ponerle Pichimahuida o Floripondio si era varón, me hubiera dado exactamente igual. No es que me hubiera vuelto loca sino que me encontraba completamente ida, en otro mundo. Conectada con mi ser mujer más íntimo y primario.

Recién ahora entrando en el 4to mes ya más relajada y estable, sintiéndome mejor físicamente nos podemos dar lugar a pensar de qué forma vamos a llamar al bebe para que venga a comer o cual es el nombre entero que voy a pronunciar cuando esté retándola.