"Can you see me? All of me? Probably not. No one has ever really has" - Jeffrey Eugenides



sábado, 28 de agosto de 2010

Ay ella se hace desear

La laptop, donde tengo todos mis resúmenes, entre otro millón de *cosas* invaluables no prende, no reacciona, no activa. Debo confesarles tengo terror ¿Se mejorará? Por de pronto la voy a poner en penitencia para que piense y revea su actitud. Al rincón.

Bicho de costumbres

Los sábados cuando me despierto a las 9 de la mañana gracias a Hija, habiéndome acostado a las 6 y la panza se me revuelve (por la resaca o sólo de hambre), tendría que ponerme una remera así:

Para que los que estén interesados en hablarme, sepan de antemano a qué se atienen. Sin desayuno no funciono y la peor noticia que me podés dar es que se acabó el café (como me pasó hoy). Gracias por salvarme el día, vos.
Ese brunch a las 12 que constó en sandwiches *saludables* en la vereda de la mano de papas gratinadas, Concubino e Hija, el vientito y sol en la nuca mientras charlábamos fue impecable. Hasta tuve la loca idea, a pesar de mi falta de tiempo crónica, de querer anotarme en el curso de panadería/pastelería que allí dictan. Con eso te digo todo.
En realidad, de no ser por esos dos pequeños incidentes -el de la faltá de café y otro ¡mucho peor! que me reservo para otra oportunidad- más toda la tarde de estudio que me espera) que amenazaron con hacer de este día La Muerte, hoy hubiera sido un día perfecto, como sacado de una novela rosa.
Muffin de zanahoria y naranja acompañado de mate y autores (muchos) de Sociología, vengan a mi. Soy de ustedes por lo que resta de luz.

viernes, 27 de agosto de 2010

La Balanza

Estuve haciendo mucha introspección ultimamente. Evaluando y tomando deciciones importantes. Digiriendo varios cambios repentinos y otros cambios, que no son recientes, pero que todavía no me decido a tragar. Oh la indecisión.
Anduve pensando (probablemente en demasía) para donde quiero encaminar mi vida. Imprevistos siempre surgen pero hay que tener una dirección, o al menos yo necesito sentir que la tengo, un norte, unas metas a conseguir, un plan de acción y otro de evacuación en el caso de que todo salga mal.
Todavía tengo muchos pendientes, queda limpieza por hacer. Mientras me ocupaba de justamente eso: limpiar, me encontré en la computadora, que a veces funciona como baúl de recuerdos, con esta imagen del balance 2009 que hizo una bloggera yankee con miras al 2010. Ya no recuerdo quien era (perdón por omitir la fuente).


Si bien la foto es "vieja" la sentí actual, me ví reflejada en más de un post-it (¡ay como los amo! si son de variados colores ¡que felicidad me dan!, los regulares -los clásicos amarillos- también, aunque menos). Me dieron ganas de que me compartan en qué se sintieron identificados o qué propósitos tienen ganas de cumplir en esta mitad de año que falta.

Mi adorable Yo

Incontables veces me pasó que a la hora de describir como me siento, en vez de elegir y seleccionar palabras me hubiera gustado retratar imágenes. Tener ese paisaje perfecto en quietud total a mano, a la hora para contarle a mi amiga qué tranquila estoy con equis tema. O una foto urbana, de un día gris cualquiera, como el de hoy (a la mañana) para explicar cuan triste y abrumada me siento a veces.
Creo que las fotos muestran de forma más vívida ¿Será por eso que me veo más animada a subir fotos que redactar? Tal vez si, tal vez no ¿Y si es que soy la nueva Color me Katie? Yo misma me contesto, no te hagas drama y no me hagas reír querés. A veces desvarío un toque pero soy buena onda.

Mi más más interno deseo

(via Mila's Daydreams)

So they say

jueves, 26 de agosto de 2010

Bochorno

Fui con mi hija al Correo Argentino a buscar un pedido de Amazon que habia hecho hace un mes. No entiendo quién me hizo creer que no iba haber cola, que el trámite iba a ser una boludez y que me iba a ir feliz con mis libritos por leer bajo el brazo. Busquemos a esa persona y matemosla, artesanalmente y despacio, porque todo lo que me dijo era una vil blasfemia. No entiendo -¡yo!- como pasé de largo la parte de "Argentino" en su nombre y no lo asocié automáticamente con burocracia, ineptitud y pèrdida de tiempo.
Gracias a Dios y muy a mi pesar, cuando lleguè y me puse última en la cola, se asomò una metiche regordeta pero divina señora que me dijo "si estàs con la nena te atienden primero, como si estuvieras embarazada, preguntà en mostrardor". A mi esas cosas me dan un pudor y una vergüenza inigualabes, no se porquè. Es como cuando te tiràs un pedo y todos saben que fuiste vos. ¡Terrible! pero tampoco iba a dejar pasar la oportunidad. Boluda lo que se dice *boluda, no soy.
Me acerqué al escritorio y no llegué a articular palabra que en efecto, pasè. Sentí la mirada acusadora y molesta de todos los que hacían cola en la nuca. No lo disimiluaron cuando me dí vuelta con una sonrisa para agradecerle a la amorosa de la sugerencia. Ella sí me miraba complacida, había hecho su buena obra del día. Cuestión que me dieron un numerito. Ahora solo tenìa que esperar (en una sala enorme con asientos -¡no era nada grave!-) a que me llamen y me dieran mi encomienda, pagar lo que hiciera falta e irme a mi casa a cocinar el almuerzo y leer, leer horas mientras Hija duerme su siesta.
Estàbamos fenómeno Hija y yo de buen humor, nos reíamos, jugábamos, cantábamos bajito y soñàbamos con què ibamos a comer cuando llegaramos a nuestro amoroso hogar a pesar de haber tomado el desayuno hace 20 minutos. Eramos Lorelai y Rory Gilmore, en versión argenta (y no por eso chota). Hasta que llegó la debacle.
Mi Hija insistía en que le diera mi manteca de cacao. Se la dí presintiendo que iba a ser motivo de pelea. Al principio un amor, mi criatura es re coqueta y me ponía rouge a mi primero y después se ponía ella (por supuesto que en cualquier lugar menos en los labios). Los cercanos a mi asiento murmuraban piropos o me comentaban lo linda que les parecía, ¡que amorosa!, ¡que sociable!, ¡que lindos ojos! yo me sonrojaba y agradecía. Nunca sé como manejarme en esas situaciones.
En un descuido mío el retoño descubre como sacar toda la barrita de la manteca de cacao afuera y decide empezar a comerla. La señora a mi lado lanza una carcajada y cuando me percato mientras yo también me reía le explico que no, que eso no se come, que mejor lo guardamos. Para qué.
Hija puso el grito en el cielo y cuando digo esto me refiero a que se tiró al piso a llorar como una desquiciada. No había forma de distraerla, le mostraba otras estupideces que tenía dando vuelta en la cartera (que siempre le interesan y le divierten) y no había caso. Yo para mis adentros pensaba, ya se le va a pasar, es un ratito pero no, Hija lloraba desconsoladamente. Me acordaba de todas las madres que condené a hoguera en ocaciones similares.
Hija estaba furiosa, roja, transpirada, sacada, desencajada, poseída. Cuando me acercaba a hablarle el oído me pegaba. Y lo peor de todo, lloraba a los gritos. Le ofrecí de vuelta la manteca de cacao pero la tiró lejísimo. Listo cagué. Ni con eso. ¿Y ahora?
Que no les quepa duda que para esta instancia toda la sala de espera me miraba fijo mientras escudriñaban todos mis movimientos. A demás me mandaban mensajes telepáticos diciendo "callala, hace lo que tengas que hacer pero callala", "de la forma que sea, callala". Posta, me llegaron. Ustedes no entienden a qué punto de nerviosismo llegó mi estado de ánimo. Durante 30 minutos o más (¡imaginense que no me fijé en el reloj! y de cualquier manera nos parecieron una eternidad -a todos-) sin descanso lloró y lloró. Lloró pero como si la estuviera operando sin anestecia. Lloró como si yo me hubiera muerto en un accidente de auto.
A tal punto se exasperó que nada de lo que hiciera la calmaba. Es más parecía que solo sonido de mi voz la irritaba más. Entonces me callé, intenté moviendola, acariciándola. Nada servía ella seguía llorando sin cesar. La situación se me fue tanto de las manos que llegó un momento que la miré y le grité BASTA MARGARITA, BASTA POR FAVOR, CALLATE. Ni te cuento la reacción.
Yo estaba roja y transpirada igual que ella y ganas de llorar a la par creanme, no me faltaban. Un gordito operador de Aduana se me acercó y me dijo vení por acá (guiño guiño) era tal mi desesperación que no dudé e hice exactamente como me indicaron, ni pregunté, ni miré a nadie. Me quería ir corriendo de la sala de espera antes de que me lincharan. Aparentemente me saltié todos los pasos, incluso el de pagar, me dio mi paquete y me pidió (explicítamente) que me fuera. "Tomá querida, andá por favor, es una tortura tu hija, no sé que le pasará o qué le hiciste pero andá nomás". No tenía energías ni para contarle que ella nunca es así, que no sé que le pasó, que perdón y gracias, muchas gracias.
Me fui lo más rápido que pude infeliz, avergonzada pero me fui. Margarita nunca dejó de llorar hasta que llegué a mi casa y todavía no entiendo qué fue la que detonó semejante rabieta. Lo único que me queda claro es que conmigo no hace ningún trámite más. No tolero estos bochornos.

lunes, 23 de agosto de 2010

Balance

El domingo nos fuimos a dormir a la casa de unos amigos en Pilar, el cuarto no tenía cortinas y me desperté con El Sol en los ojos a las 7 de la mañana. Decí que estaba abrazada a El Concubino e Hija sino me sacaba con una cuchara los ojos y seguía durmiendo, placidamente. Fuera de eso, fue un fin de semana es-pec-ta-cu-lar. Todavía tengo el colorcito en la cara de esa tarde de sol, mates y charla y la sensación de andar en patas por el pasto asi que si hoy llueve, no me importa nada.
Oh, fin de semana,

Hoy es un buen día

Estoy de buen humor (y eso que es lunes). Pronóstico: tendremos una  linda semana.

Querido Blog,

viernes, 20 de agosto de 2010

martes, 17 de agosto de 2010

Crónica de una caída anunciada

No iba a salir. El Concubino vería a sus amigos y yo me iba a quedar cuidando a la hija de ambos hasta que sonó el timbre: el (ansiado) pedido de ropa extranjera. Excitadas: Hija, Niñera y yo rompimos las bolsas pertinentes y jugamos un rato "a la ropa" como diría una preciada amiga.
Le probamos a Margarita las remeras y vestidos nuevos, desfilamos frente al espejo si mal no recuerdo hasta pusimos música para ponernos en ambiente. Le apilé sobre la silla del escritorio los regalos a El Concubino para conservarle la gloria de romper el "paquete" en el que vienen envueltos. Así de buena compañera soy. Y en un asalto de adrenalina y coraje, me subí a los nuevos tacos de 15 centrímetros turquesas. No exagero, los medí.
Para esta altura del día ya estaba anocheciendo y era viernes (perdón por el delay en postear). Me embalé con estrenar los zapatos nuevos en la pista de baile con mis amigas ignorando todo indicio de que hiciera lo contrario.
Es sabido, entre las mujeres al menos, de que no se estrenan zapatos para fiestas, casamientos y derivados. Por la obvia razón de que no estás acostumbrados a ellos ni ellos a vos y que los factores (viejos y conocidos) como el alcohol en sangre, las aglomeración de gente, etc no funcionan como aliados. Yo los caminé por toda la casa y me convencí de que "no se les sentía el taco" y que podía caminar con total perfección, como si hubiera nacido sobre ellos, como una modelito púber.
Después de acalorada discución con El Concubino por el cambio de planes, se me concedió salir. Cuando llegó la hora y El Señor de La Casa volvió del trabajo, me vestí para la ocasión. Me pinté y hasta me clavé esa remerita que combinaba tan bien con el celeste de mi nueva adquisición para ir a la casa de una María Chiquita en el Centro.
Juegos de preboliche mediante me saqué los zapatos (por debajo de la mesa) lo que nadie notó "para estar más cómoda", vergüenzas que hacen los borrachos. Para el momento que me levanté del sillón veía doble. Sorpresivamente no dudé un segundo de mi capacidad de caminar sobre ellos, hasta que las rondas de Absolut Kurrant se empezaron a sentir y para ese momento ya era demasiado tarde.
Adentro del boliche había tanta gente como fósforos en una cajita. Tardé tres canciones -¡nada más que tres!- en caerme estripitosamente, con ruido incluído y sin gracia. Mi flamante calzado voló como OVNIS por los cielos. Gracias a Dios, una alma caritativa me los acercó piadosa (calculo que de la vergüenza ajena) antes de que saliera corriendo del bochorno. Salí de la boite rengeando, toda colorada por el episodio y desesperada por un taxi.
Hoy, tengo un *lindo* esguience, que hizo desaparecer mi tobillo y lo convertió en una bocha de jockey, adosado a esta anécdota. Cada vez que lo veo, al margen de que me duele e invoco a mis ancetros para que esta tortura se termine rápido, recuerdo los detalles que les comparto.

Ahora, lo que me preocupa, en serio es si después de este *trauma* voy a poder volverme a subir a ellos, mis tacos asesinos.

lunes, 16 de agosto de 2010

Esa pequeña manía

Tengo una fascinación con los dormitorios y los baños (que no me son propios). La elección de palabra "dormitorio" no es casual, quise ser específica. Creo que son un universo que espera ser descubierto. Pienso que sendos, tantos los baños como los cuartos, son privadísimos, íntimos. Algunos los sienten su refugio en el mundo, otros su lugar de inspiración: por eso me atraen tanto.
Cuando, de adolescente, en la casa de tu novio pasabas a su cuarto significaba que tenías una complicidad especial y hasta me atrevo a sentenciar: los papás (del pretendiente en cuestión), un poco te querían para que aprobaran el paso de ese límite que separa a los invitados de los habitués. Cuando una amiga reciente, te invita a pasar a su cuarto, implica que llegaste al grado de confianza habilitante, ese nivel en donde ya podés abrir su heladera y preguntar qué hay de comer.
Personalmente, cuando en casa ajena, voy al baño, reviso íntegros los cajones y placares con la tenacidad y paciencia de un detective en busca de pruebas en una escena de crimen. Amo chusmear qué medicamentos tiene a mano, qué tipo (y marca) de maquillaje y cremas inundan el lugar.Y si es de un hombre el baño, ni te cuento. Es un pequeño festín privado. Podría estar horas ahí metida sólo observando detalles.
Siendo mínima de edad y sin entender bien los cánones sociales, cuando encontraba algún tesoro en estos lugares sobre todo en los baños, me los robaba y los sentía propios sin remordimiento ni culpa. Mi mamá me pegaba los peores retos por eso. Ahora soy civilizada y me podés invitar a tu casa que jamás vas a pasar vergüenza.

viernes, 13 de agosto de 2010


"Cuando era chica y me portaba mal, los castigos de mis padres consistían en encerrarme en el baño por horas", me contó una escritora. "Las primeras veces cuando finalmente me liberaban, estaba pintada como una puerta con el maquillaje de mi madre" confesó, "pero con el tiempo, fue allí donde aprendí a desplegar mi creatividad y alimentar la imaginación". Es el día de hoy, que los momentos de más inspiración, le suceden en el baño.

Controversia

Ayer, el primer amigo de El Concubino anunció que se casa. Nos tomó por sorpresa. "Fue un impulso la decicisión" nos contaba, de repente sintió una revelación y le propuso sin preámbulos, sin orquesta, sin romanticismo. Sólo un "che, ¿sabías que te quiero mucho? ¿no te querés casar conmigo?" después de despertarla a la 1 AM un domingo cualquiera. Ella media dormida le decía "Sí, si Pey, yo también" hasta que se dió cuenta la magnitud de la pregunta (de la propuesta en realidad) y accedió encantada.
Estoy sorprendida con lo aproblemática que se le presenta la vida a algunos. Lo digo *bien* sin ironías, ni con ánimos de crítica. No quería ser la primera de las novias que se case, para nada. Bueno tampoco para tanto, me hubiera gustado pero no me afecta no serlo. Les deseo lo mejor a demás, no soy de las envidiosas pero debo admitir, es *raro*. Siempre quise que algún (si son más mejor) amigo de El Concubino se casara o se fuera a vivir con la novia. Me divierte que sean más los que están en "nuestra situación". A demás, estoy converncida de que así sería más fácil.
En el "asado de festejo", cuando no hablábamos de los novios y su declaración de amor fui motivo de jodas y comentarios desubicados, por supuesto. No faltó quien deslizara "y vos para cuando?","podrían hacer duplete no?". Me causa una violencia desatada La Gente que hace ese tipo de observaciones. ¿Me usarán de chivo expiatorio? Yo para responder apliqué mucha risita forzada y alguna que otra respuesta ácida pero nada más. Se respiraba alegría y festín en el ambiente igual.
La cuestión es que, en estos momentos, estan planeando despedida de solteros a Brasil, 10 días y por el "módico precio" de unas (cuantas) lechugas verdes que no podemos pagar (claro está). El Concubino no se lo quiere perder. "Son las últimas vacaciones con todos mis amigos" me dijo. Al margen de sonar un pedido adolescente para ir a su viaje de egresados, a esta altura de la vida, lo entendí y un poco quise que fuera. Un poco. Pensé en todas las consecuencias, en mis miedos e inseguridades y al rato, esas poquitas ganas que tenía, se me fueron. ¿Qué quiero yo, entonces? Esto:

¿Ustedes qué opinan?

lunes, 9 de agosto de 2010

¿Señales?

Cada vez que nos abrazábamos con ese novio, uno de los dos, siempre estaba incómodo. (Keyword: siempre). No se si era por su poca capacidad de disfrute, porque era altísimo o qué. Era común que después de acomodarnos nos quejáramos y reformuláramos el abrazo. Tan común era que pasó a ser normal y me sorprendió mucho cuando con el siguiente (novio) nos pasaba exactamente todo lo contrario.
Desde el principio con El Concubino, podíamos enroscarnos en las poses más inhóspitas para ver una película, para estudiar juntos (sí, no sé cómo pero era posible), para hecharnos al sol y funcionaban ¡siempre!. A ninguno de los dos le dolía le cuello, la espalda o le molestaba la postura.
La primera noche que dormirmos juntos (y cuando digo dormir, me refiero a dormir)estábamos muy borrachos después de una fiesta en su casa. A mi mamá le dije que iba a lo de una amiga y me quedé. En su casa era legal pero si se enteraban en la mía, me estarían puteando hasta el día de hoy. Cuando caímos rendidos después de mucho baile y alcohol en cantidades desmesuradas, nos enroscamos en un tierno abrazo y al dia siguiente nos despertamos igual. No nos habíamos movido un ápice y te prometo que cuando me levante, mas allá de la resaca, no me dolía nada. Simplemente encajábamos, como esos juegos de encastre, como hechos a medida.

Hoy estoy positiva

viernes, 6 de agosto de 2010

Sueño despierta

Mi profesor de Sociología, pelado con anteojos, casado y con hijos habla sin parar sobre psicología, sobre cómo la civilización te condiciona, sobre la Teoría Social. Mientras, yo me imagino de qué hablaríamos si estuvieramos en una cita.
Me imagino el restorán oscuro, los manteles paquetes, los cubiertos de plata, el menú sobredimensionado y el pan tibio. Me imagino que seguro sería un lugar caro y que almorzaríamos con vino por más de que sea mediodía. Me imagino coquetéandole y diciendole estupideces que lo harían reír, me imagino a él intentando conquistarme y contándome chismes de los profesores.
A los 10 minutos me doy cuenta que perdí el hilo de la clase, no tengo apuntes y tengo mucha hambre.

El señor de los anillos

Por un momento, recordemos el incidente de allá por el 2006 con Carolina (mi cuñada) y el anillo de las bananas de la joyería Belgiorno. Hagamos un minuto de silencio y transportémosnos a ese instante. Intenemos sentir otra vez esa impotencia, esa bronca inexplicable, esas ganas de arrancarle el cuero cabelludo y terminar con su melena rubia de Barbie, ese impulso violento por cortarle todos los dedos para que no use un sólo anillo más en su vida, o las variantes más tranquis como escupirle en la cara o gritarle barbaridades. Rememoremos ese enojo contra El Concubino por "no defendernos" o ser el altavoz de todas esas cosas que yo, por ser yo, no podía decir. Bueno, todo eso de vuelta y esta vez, reloaded.
Sábado 6 de la tarde, mi casa.
¡Qué bueno que vienen a tomar el té a casa cuando estoy enferma! ¡Qué lindo que me hagan compañía! Si, hace mil que no nos veíamos. ¿Es la primera vez que venís Pedro? Si obvio pasá, te hago un tour, bueno, ¡ni que la casa sea tan grande!. Risas por acá, mate por allá y mucha charla amena. Gracias por las cosas ricas, voy a comer facturas hasta el 2014 y ser una bola, qué amor ¿Seguro que no quieren llevarse algo? En fin, todo muy lindo hasta que se fueron. Levanté lo que quedaba en la mesa, lavé sequé y, cuando estaba acomodando unos almohadones en el living, me lo encontré. Bastó solo verlo para pudrirme por dentro.
Sábado 8 de la noche, mi casa a.k.a. El Infierno.
Antes de estallar (en llanto o enojo, no me decidía), con *disimulo* y el anillo en mano voy al cuarto donde El Concubino retozaba con Hija en brazos, viendo dibujitos. "Este anillo que encontré en el piso, (en el lugar donde estaba sentada ella) es de Carolina, no?" pregunté yo, ratificando una pelotudez evidente, con cara de "me traicionaron y no lo puedo creer", de "me vieron la cara de Julio César y yo ni me dí cuenta". ¡La que te re mil pendeja! Que bronca. Concubino me mira sin ver, asiente con la cabeza: efectivamente, igual al mío era de (de vuelta) Carolina. "¿Es muy parecido al tuyo?" me pregunta. Ni me mira porque se la ve venir. Quiero imaginar que piensa en elegir sus palabras con cuidado, sabe que de eso pende mi estabilidad mental.
"Sí es exacto al anillo nuevo que me regalaste este año (ese que te pedí - de la misma joyería- no solo porque me gustaba sino para para sentirme un toque más original, ya que me había cagado el otro)" contesto. "¿Es a propósito, no?" agrego con una media sonrisa, sarcástica.
Le brotó una larga explicación -nerviosa- en respuesta. Parafraseó una conversación con Señora Suegra, Carolina y él hace unos días. Me contó que, pobre, no era la culpa de Carolinita tener no uno sino dos -¡dos!-anillos calcados a los que uso yo todos los días, que habían sido -ambos- un "regalo" (en realidad habían sido un pedido caprichoso de ella pero, a los fines, era lo mismo), que ella se daba cuenta que a mi me molestaba (¡bien nena sabés leer!) y que por eso, seguramente, se lo había sacado antes de entrar a casa. Por respetarme a mi, para no pelearnos, para que yo no le ponga cara de culo, ni idea. ¡Un primor! Please, qué considerada.
No te hubieras molestado Caro, no le hubieras pedido a tu novio que te compre el mismo anillo que yo para el aniversario de un año de noviazgo -igual que yo- y listo. ¡Mirá cuanto más fácil! Y que ahora lo tenés por lo menos hubieras elegido otro del alhajero de tu abuela y todos contentos, pero no. Lo peor: la juega de mosquita muerta.
Regresión al té.
Criatura, mientras tomábamos el té, se la pasó jugando a revolver carteras y parece ser que le tuvo una especial aprehensión a la de mi cuñada. Ni que supiera la nena, mirá. Al margen: a este paso mi hija a los 3 años, se recibe de ladrona."Yo mismo ví como le dió vuelta la cartera a Caro, debe haberse caído ahí, ella no quería que te enteres" me seguía detallando El Concubino en un intento (muy) fallido de justificación.
Presente.
Yo escuchaba en silencio impávida. Me mordía le lengua pero en silencio. Y no quería saber más, no necesitaba saber más. Era suficiente. Me dí vuelta, y de cara a esta pantalla, me puse a escribir este post desaforada, sin parar, como en un trance. Mientras, debo admitir lloraba un poquito. De frustración más que nada, porque sabía que no valía la pena ni intentar explicarle todo lo que esta actitud me provocaba.
No sólo me jodía que me hubiera copiado -otra vez-. No sólo me molesta que ahora tengamos las dos manos con bijouterie de alta gama idéntica lo cual presumo una ridiculez (que me da vergüenza). No sólo me parece feo que lo esconda, y lo que es peor, lo reconozca y no me lo diga. No sólo me enerva que jamás voy a poder decir *nada*. No sólo me rompe las pelotas que yo -¡yo!- voy a quedar como una nena caprichosa si dijera algo. Sino tantas, tantas, otras cosas que Concubino, por más bueno que fuera en todo *lo otro*, jamás iba a entender. Al menos no ahora, en este mundo, como yo necesitaba. Sabía, desde antes de empezar, que era una batalla perdida y ni lo intenté.

martes, 3 de agosto de 2010

Si se acabara el mundo

Me iría al supermercado y con todos mis ahorros, compraría mucho alcohol y exquisiteces para cocinar. Me daría un espléndido baño de inmersión con velas, aceites y sales. Me frontaría el cuerpo, hasta el cansancio, con mi jabón de durazno y miel que tanto me gusta y en bombacha, con el pelo a medio secar, me pondría a cocinar.
Habría en mi casa grande y bordeaux música alta. Margarita estaría jugando al lado mío, cantaríamos fuerte y bailamos un poco de a ratos. Juntos los tres, con concubino, prepararíamos una fiesta en mi mega-jardín, con esas bombitas de colores que penden en los parques de diversiones yankees. Como invitados, toda la gente que quiero. Corrección: toda la gente que conozco que me cae *bien*. Pueden traer a su gente querida tambièn obvio, sino ni en pedo van a querer venir, al fin y al cabo es la última noche antes del fin del mundo, ¿no?.
Lo único gordi, deciles que traigan *drogas*. No nos vamos a poner puritanos cuando se termina el mundo man. Yo, dejame que te diga una cosa, no me voy de acá sin haber probado algo *loco*.
Y en esa noche, de mucho calor (¿del 2012?), que el fin del mundo me agarre bailando rock desaforada, o borracha riéndome, o drogada en un viaje estelar pero plis plis después de grandes cantidades sexo (y mi hija dormida, por supuesto).